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Semillas con mucho valor nutritivo PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Consuelo Palma   

Una transformación milagrosa, sólo con humedad

Los germinados son uno de los alimentos que están cobrando mucho auge en estos tiempos. Dada la tendencia general a buscar la salud por medio de la alimentación y una dieta balanceada e integral, los nutriólogos recomiendan con mayor frecuencia incluir en los alimentos cotidianos semillas geminadas que son comestibles y que nutricionalmente hablando son mucho más ventajosas que las semillas deshidratadas de las que se originaron.

En su estado original, las semillas maduras contienen muy poca agua y sus nutrientes están comprimidos al máximo, por lo que resultan sumamente difíciles de digerir por el organismo. Así, cocinarlas resulta necesario para poder aprovechar al máximo sus beneficios. Infortunadamente, el proceso de cocción inevitablemente priva a los granos y semillas de gran parte de esos nutrientes.

La opción para poder obtener esos nutrientes de forma más digerible, sin tener que perder una gran porción debido al cocimiento es el uso de germinados. Los más socorridos, el de alfalfa, el de trigo, el de soya; pero hay mucho más en este renglón: ajonjolí, almendra, avena, cacahuate, cebada, centeno, chía, chícharo, frijol, garbanzo, lenteja.

Los germinados son alimentos vivos. Durante la germinación, en el interior de cada semilla se realizar una reordenación completa de sustancias y componentes, gracias a la presencia de humedad, las semillas se convierten de secas y duras a brotes tiernos alcalinos, ricos en enzimas digestivas, vitaminas, aminoácidos, clorofila y minerales muy asimilables; el germen se reanima y cobra actividad y, al ser ingerido, ayudará a mantener el equilibrio ácido-base y a fomentar una alimentación equilibrada.

Resulta realmente milagroso. Simplemente con añadir humedad, se transforman de un alimento de difícil digestión en otro aprovechable, fresco y sabroso. Las semillas germinadas siguen frescas, y su valor alimenticio (crudas) no sólo no disminuye, sino que se multiplica.

La misma cantidad de semillas de alfalfa que sin germinar contendrá sólo alrededor de 7% de proteínas y casi nada de vitamina C, una vez germinada contiene aproximadamente 300% más de proteínas de primera clase, más de 400% adicional de vitamina C, 700% más de vitaminas B, y 70% más de ácidos grasos esenciales.

Las semillas germinadas proporcionan mayor energía que las no germinadas, sacían el hambre con mayor rapidez y en un reducido volumen ofrecen un máximo nutriente con mínimo de calorías. Ningún germinado contiene colesterol y cuentan con una capacidad desintoxcante que ayuda a mantener suaves y elásticos los tejidos, razón suficiente para adoptar la costumbre de incluirlas en el menú cotidiano.

Las plantas a esta corta edad poseen cualidades revitalizantes y regenerativas únicas que ayudan a mantener y recuperar la salud, depurando el organismo. Serán grandes aliadas para revitalizar el sistema digestivo y obtener una alimentación saludable, consumidos crudos, por su riqueza en enzimas, ayudan admirablemente a asimilar cuanto se ingiere.

Además, los germinados son fáciles de hacer en casa y muy económicos. Lave muy bien las semillas y todavía húmedas colóquelas en un frasco de vidrio de boca ancha. Mantenga constante la humedad y permita que le dé la luz indirecta del sol, enjuague una o dos veces al día y en tres o cuatro días obtendrá brotes que serán perfectamente comestibles.

 
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